Persigo unos versos

¿Qué haces?
Leo poesía.
No, en serio, ¿qué haces?
Persigo unos versos:
cansados y nublados versos 
que intentan descifrar la relación 
entre amor, luna y muerte;
silencio, soledad y alba.
Entre tu ombligo y el beso que me arrojas de lejos;
tu cuerpo y mi sábana fría.
Entre el poeta que leo y yo,
que ni doy con tu amor ni con la poesía.

Su gran tesoro

Algunos minutos después de haber ganado un poco más de lo que había traído consigo, y cuando el hombre ya estaba por irse, llegó un tipo, puso unos cuantos dólares sobre la mesa y apuntó al uno y al otro, como quien no quiere la cosa… Después de un rato salió el tipo con un saco lleno.

El hombre indagó sobre su paradero, y fue a darse la vuelta por su casa. Lo vio por el patio, estaba tirando las últimas paladas de tierra sobre aquel espacio de terreno; supuso que había enterrado el dinero que acababa de ganar. Esperó hasta que cayera la noche. Cuando todo parecía estar en calma, el hombre escaló el muro a ciegas y cayó reventado del otro lado. Mientras se arrastraba hasta el lugar donde le pareció ver que estaba todo aquel dinero bajo tierra, pensaba en todas las cosas que podía tener con una buena suma en su posesión.

Cegado con ese pensamiento comenzó a hundir las uñas en la tierra. Los parpados estirados de extremo a extremo, la adrenalina en su pecho era insoportable; sus manos se movían desesperadas anhelando dar con su gran tesoro. Cuando por fin dio con algo que se sentía más blando que la tierra, aumentó la velocidad… después de tres horas y siete pies de profundidad, se descubrió un cuerpo desgastado, y el rostro, era el suyo.