Ese raro momento

Ese raro momento...
flotan los dedos,
casi no los alcanza el pensamiento.
No interrumpas, razón;
no sé si puedas con esto.
Buscas con afán un sentido
que se escapa de ti, y de mí.
Corres tan de prisa,
y de prisa busco escapar de tu intento 
de ponerle freno
a las palabras precisas que dan forma a un verso
que se muestra en tu ausencia.

Ese raro momento...
descubro que escucho en silencio,
o más bien creo que siento
un ritmo que va o que viene; no sé.
Me detengo, froto mis ojos, estiro los dedos.
No busco un verso, no busco rima;
siento que persigo
o que soy perseguido tal vez.
Sí, a veces siento que soy la presa,
y escribo porque no puedo hacer otra cosa.
Porque cuando escribo voy llenando, cazando;
o me voy vaciando y siendo cazado.

Mi lucha con «editor estricto»

-Escritor libre y editor estricto-

Querido diario, hoy es 21 de agosto; esta vez escribo un poco tarde en la noche (son las 9:07 pm). Durante el día estuve (en cuanto a escritura) escribiendo otras cosas. Detuve la lectura (estoy releyendo Rayuela), con todo propósito, para mirar las personas que estaban a mi alrededor a la hora del almuerzo (o en palabras más precisas, la media hora de almuerzo; porque en Estados Unidos, a diferencia de en Puerto Rico, el tiempo de almuerzo es media hora. Y yo, personalmente, me tomo 15 minutos para leer y comer, y los otros 15 minutos para leer). Me detuve a mirarlas para ver si me daban algún argumento para hacer algunos apuntes. Después te cuento de algunas cosas que puse por escrito al ver aquellas personas hipnotizadas, y tan distantes los unos de los otros, aunque a la vez tan cerca (aunque eso no es nada nuevo; vivimos en la época donde los no-lugares están sobre poblados).

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¿Por qué desparramas tiempo escribiendo?

-Razones para escribir-

Hoy es 20 de agosto del 2021, son las 4:34 am. Me levanto, al menos durante la semana de trabajo, de a eso como a las 3:30 am para dedicar un rato a la escritura; pues a esa hora, después de poner música instrumental (tal vez Mozart o algo de Jazz) y después de varios tragos de café con leche (y algunas cucharadas de azúcar) me siento con la mente descansada y ágil para poner por escrito algunas ideas (ya sea ficción, no-ficción, poesía; o alguna especie de texto que diga algo de alguna manera que exprese lo que cruza mi mente), o continuar con algunas ideas ya comenzadas.

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La desdicha de un escritor

Llevo varios meses desayunando huevos revueltos. El colesterol lo tengo por las nubes, y los deseos de ganar en alguno de esos concursos literarios me han causado un espantoso insomnio.

Sueño, casi despierto, con que escribo cualquier cosa, cualquier estupidez arbitraria, y los pollitos (unos cinco o seis tiernos pollitos) me hacen “pío-pío” encima del papel; taladrando, en busca de yo no sé qué, encima de la mancha de mi grafito. Y no solo me fastidian duramente con su constante “pío-pío” (cosa que no me deja concentrarme), sino que dejan sus pequeños desperdicios a través de todo mi escritorio.

Llevo tres días sin poder dormir. Te escribo para que te enteres de mi estado crítico de salud, y para saber si me puedes ayudar. No sé si debas ayudarme con el asunto del colesterol, con lo del insomnio, con los pollitos; o tal vez con los gastos fúnebres.

Con este relato participé en el «PRIMER CONCURSO PARA MALOS ESCRITORES» (un microrrelato de 150 palabras). Del sitio web: Leer en la nube

Me fue dado un verso

Me fue dado un verso,
un verso de ti.
De esos que permanecen desnudos
pues no hayas palabras
con qué revestir.
Crudo impulso en el alma;
muda sensación.

Quedé paralizado intentando comprender. Llegué a la conclusión de que tales expresiones no son para el (deleite del) poeta, sino (posiblemente) para cierto determinado lector. Así que, dibujé entre palabras lo que pude. Inventé una que otra letra haciendo una combinación de las ya conocidas, y aunque el resultado permanecía fuera de mi (absoluta) comprensión, pude sentir que aquel mismo impulso estaba desbordado sobre el papel. Me deshice de aquel verso como pude, espero le halles algún sentido.