La hilera de un sueño

Florecitas plantadas en un verde tiesto,
como el musgo, que crece,
por la humedad de la constante lluvia
y la lenta soledad del tiempo.

Como el caracol, que se arrastra sin prisa,
y no es que carezca de impaciencia,
pues está condenado a echarse el tiempo
sobre su concha.

El día declina
como hombre que se agacha
y se acomoda sobre su lecho,
aunque no de muerte aún,
sino de un cansancio
que el tiempo le arrebata.

Como ladrón oscurecido en la sombra,
que con garras de bestia
violenta el espacio
que un otro pensó muy suyo.
¿Por cuánto tiempo?

Siento frío

Despierto y siento frío.
"La ventana tiene que estar abierta",
me dije.
Sí, está abierta,
pero es pleno verano.

Siento frío.
Esa sensación de invierno en los huesos.
Tengo la piel de gallina
y el sudor me invade la espalda: ¿Escalofríos?
¿Y qué cosa es esa?

Despierto, sí, vuelvo a despertar.
Parece que estuve soñando; o tal vez no.

Me pareció haber sentido frío.
"Tiene que ser el termostato",
me dije.
Cuando pienso esto, despierto.
Cuando despierto,
el invierno está adentro,
la ventana está abierta
y siento frío.

¿Y a quién preguntarle?
¿Qué sientes?

Despierto y aún siento frío.

Autómata

Desprovisto de vida propia.
Monigote de un aparato electrónico
que mantiene a un "homo-sapiens" 
atontado y vanamente entretenido.

Puede estar sentado en manada
cerca de unos cuantos otros, como bisontes, 
y aun así
no haber comunicación alguna.

Más bien parece un tipo de conversación interna:
se puede ver la expresión de unas pocas y raras muecas, 
se puede escuchar algunos breves murmullos,
semejante a las vacas que rumian su alimento.
Pero como autómatas, estos "homo-sapiens" vuelven a masticar 
una y otra vez
la porquería que ingieren a través de "las redes sociales".
Un 90% es basura; hace falta un buen colador.

De repente se escucha en voz alta alguno que otro corto texto
(si es que resulta gracioso)
de esas cosas que le llaman "memes de internet",
(la mayoría caen en la categoría de estupidez).

¿Y quién soy yo para hablar así?
Soy ese que está sentado a tu lado,
y al igual que tú, mirando perplejamente 
hacia la pantalla de un aparato dominante.
¿Y quién se escapa de esto?

Persigo unos versos

¿Qué haces?
Leo poesía.
No, en serio, ¿qué haces?
Persigo unos versos:
cansados y nublados versos 
que intentan descifrar la relación 
entre amor, luna y muerte;
silencio, soledad y alba.
Entre tu ombligo y el beso que me arrojas de lejos;
tu cuerpo y mi sábana fría.
Entre el poeta que leo y yo,
que ni doy con tu amor ni con la poesía.

Anhelo de tu voz

Entre el espacio de cada minuto
escucho ahogarse el suspiro de la brisa
que se cuela por la ventana.
Los pasos de algunos peatones
y el esparcir de los charcos
entre el viento que producen los autos.
Pero tu voz… ¿Dónde?
Me fastidia tu silencio.