La llave de tu corazón

Me diste la llave de un corazón,
pero este corazón está maltrecho.
¿Estás segura? ¿Es este tu corazón?

Pensé que bromeabas.

Tu sonrisa es perfecta;
tu mirada alegre
y todo lo que tocas parece embellecer.

¿Quién fue capaz...?, pienso;
pero mejor hago silencio.
¿No he hecho yo pedazos algún otro corazón?

No me des tu corazón, no sé qué hacer.
Sé que no esperas que lo restaure,
te escuché decirlo. Pero...

¡Hombres de manos torpes, insensibles!, pensé;
pero mejor hago silencio.
¿No he sido torpe yo con algún otro corazón?

Calla

Calla, que el silencio suele dar sabias lecciones.
Hablas demasiado. Escuchas muy poco.
Detente, observa, aprende;
la vida es muy corta y nosotros somos muy torpes.

¡Mira! Sí, levanta la mirada.
No es que te encierres en tu silencio;
es que te abras a lo que vale la pena escuchar.

¡Camina! Sí, sigue andando, aunque sea un poco.
No es que te detengas en el camino;
es que cierres la boca y prestes atención.

No estamos exentos de tropezar;
los tropiezos son de todos,
vienen incluidos en el paquete de la vida.
Pero el que hace silencio
aprende,
aunque sea un poco más con cada recaída.

¡Levántate! Sí, ya deja de quejarte.
Pero haz silencio, no quiero escucharte.
Presta oído, aprende, y adquiere sabiduría.