Su gran tesoro

Algunos minutos después de haber ganado un poco más de lo que había traído consigo, y cuando el hombre ya estaba por irse, llegó un tipo, puso unos cuantos dólares sobre la mesa y apuntó al uno y al otro, como quien no quiere la cosa… Después de un rato salió el tipo con un saco lleno.

El hombre indagó sobre su paradero, y fue a darse la vuelta por su casa. Lo vio por el patio, estaba tirando las últimas paladas de tierra sobre aquel espacio de terreno; supuso que había enterrado el dinero que acababa de ganar. Esperó hasta que cayera la noche. Cuando todo parecía estar en calma, el hombre escaló el muro a ciegas y cayó reventado del otro lado. Mientras se arrastraba hasta el lugar donde le pareció ver que estaba todo aquel dinero bajo tierra, pensaba en todas las cosas que podía tener con una buena suma en su posesión.

Cegado con ese pensamiento comenzó a hundir las uñas en la tierra. Los parpados estirados de extremo a extremo, la adrenalina en su pecho era insoportable; sus manos se movían desesperadas anhelando dar con su gran tesoro. Cuando por fin dio con algo que se sentía más blando que la tierra, aumentó la velocidad… después de tres horas y siete pies de profundidad, se descubrió un cuerpo desgastado, y el rostro, era el suyo.

¡Tanto afán desesperado!

¡Tanto afán desesperado
por llenar tus manos
con cosas que perecen con el uso!
¡Cuán vano es el gastar tus días tras las riquezas
y entregar tu tiempo y energías
al que vive de la usura!
¿Cuál es el fin principal del hombre?
Respóndeme tú,
que andas acumulando todo tipo de cosas que no podrás llevarte a la tumba.
Y tú, que teniendo poco,
piensas que si tuvieses mucho
serías de veras feliz.
¿Aún piensas que la vida del hombre consiste en la cantidad de bienes que posee?

Vaciedad

Tengo la sed de los hombres;
de los mortales.
Sed de tiempo
de querer
de soñar y sentir;
de libertad
de amar y vivir…
Siento que todo se me agota
que la vida se me pasa;
que muero muy de prisa. Sigue leyendo «Vaciedad»